18F-FDG in myocardial viability for revascularization.
2021
CARDIOLOGÍA, MEDICINA INTERNA, MEDICINA NUCLEAR
TEC. SANITARIA. EXCLU. MED.
INFORMES DE EVALUACIÓN
+ Año
2021
+ Áreas de Conocimiento
CARDIOLOGÍA, MEDICINA INTERNA, MEDICINA NUCLEAR
+ Tipo Tecnología
TEC. SANITARIA. EXCLU. MED.
+ Línea de Producción
INFORMES DE EVALUACIÓN
El estudio de la viabilidad miocárdica en insuficiencia cardíaca permite al clínico identificar zonas donde la revascularización sea una opción terapéutica factible para el paciente.
Este informe pretende valorar la eficacia diagnóstica de la 18 FDG-PET en el estudio de la viabilidad miocárdica y concluye que es una técnica sensible, que ofrece resultados pronósticos estadísticamente significativos.
Introducción/justificación: La insuficiencia cardíaca es una enfermedad del corazón y un síndrome de disfunción ventricular con una creciente prevalencia poblacional que alcanza en España el 5 % y una incidencia de 3,9 por cada 1000 adultos. Entendemos la presencia de “viabilidad miocárdica” en pacientes con insuficiencia cardíaca, como zonas que muestran una disfunción contráctil y que son reversibles, es decir, pueden mejorar su contractilidad si se recupera su vascularización, con revascularización, medicamentos o dispositivos. El análisis de la viabilidad miocárdica se puede valorar con diferentes equipos de diagnóstico por imagen –destacan la PET, SPECT, RMN o ecocardiografía– y de varias formas –entre las que destaca el metabolismo, la perfusión, la comparación metabolismo frente perfusión (matching) y la funcionalidad–. La PET con 18F-FDG permite analizar el metabolismo.

Objetivo: Valorar la eficacia diagnóstica para evaluar la viabilidad miocárdica de la PET con 18F-FDG y su prognosis, así como su impacto presupuestario.

Metodología: Se buscaron referencias sobre eficacia diagnóstica y prognosis en Medline a través de Ovid, Web of Science, Cochrane Library y Embase desde 2007 hasta abril de 2020. También se evaluó la calidad de la evidencia, priorizando la disponibilidad de revisiones sistemáticas y ensayos clínicos aleatorizados prospectivos sobre la intervención específicamente analizada. Finalmente se estimó el potencial impacto presupuestario que tendría evaluar a todos los pacientes candidatos para potencial revascularización con PET frente a no disponer de PET bajo la perspectiva del Sistema Nacional de Salud.

Resultados: Tras la lectura de abstracts para seleccionar estudios, y la lectura completa de aquellos estudios filtrados, se seleccionaron dos revisiones sistemáticas de 2007 y 2010, donde se observa que la PET con 18F-FDG es una alternativa con una alta sensibilidad, que oscila entre el 87 y el 94,5 % según la publicación o si se valora como medida de metabolismo o metabolismo-perfusión. El nivel de especificidad osciló entre un 67% y un 78 %. El resto de variables descriptoras de eficacia diagnóstica fueron positivas y similares tanto en las revisiones sistemáticas como en los estudios posteriores. Las revisiones no son de una alta calidad dado que se mezclan estudios con diferentes diseños y los estudios son de calidad pero se realizaron en números de pacientes reducidos. Se encontró un ensayo clínico prospectivo aleatorizado con resultados a largo plazo que comparaba específicamente la prognosis de la revascularización tras PET frente a no disponer de ella. Los resultados de este estudio fueron positivos a largo plazo, si bien sujetos a analizar pacientes que cumplían recomendaciones y protocolos.
El impacto económico anual de utilizar la PET frente a sus alternativas (resonancia magnética y/o ecocardiografía o SPECT) se estima entorno los 2 millones de euros. El modelo fue sensible a los costes unitarios para cada tecnología y sus descriptores fueron variables según cada listado tarifario. El modelo es especialmente sensible al porcentaje de pacientes positivos tras la evaluación de la viabilidad miocárdica, lo que está directamente relacionado con la alta sensibilidad de la PET y el coste de las alternativas de revascularización.

Conclusiones: La PET es una alternativa más sensible –con un nivel de especificidad razonable– que las otras alternativas para evaluar la viabilidad miocárdica. No obstante, la evidencia de los estudios sobre eficacia diagnóstica es de calidad baja. La PET para viabilidad miocárdica tiene resultados pronósticos estadísticamente significativos, pero solo en condiciones ideales. El impacto presupuestario es alto, pero la estimación de su magnitud tiene incertidumbres. Acorde a los resultados anteriormente descritos y la calidad y certidumbre de la evidencia asociada se recomienda la utilización de la PET para viabilidad miocárdica en centros con acceso a la tecnología, donde no se realice y donde se tenga margen de utilización adicional del equipamiento.

Introduction: Heart failure is a heart disease and ventricular dysfunction syndrome with a growing population prevalence that reaches 5% in Spain and an incidence of 3.9 per 1000 adults. We understand the presence of “myocardial viability” in patients with heart failure, as areas that show a contractile dysfunction and that are reversible, which is, they can improve their contractility if their vascularization is recovered, with revascularization, medicines or devices. The analysis of myocardial viability can be assessed with different diagnostic imaging equipment –most notably PET, SPECT, MRI or echocardiography– and in various ways –most notably metabolism, perfusion, metabolism versus perfusion comparison (matching) and functionality–. The 18FDG with PET allows the analysis of metabolism.

Objective: To assess the diagnostic efficacy to evaluate the myocardial viability of 18FDG-PET and its prognosis, as well as its budgetary impact.

Methods: References on diagnostic efficacy and prognosis were searched in Medline through Ovid, Web of Science, Cochrane Library and Embase from 2007 to April 2019. We also assessed the quality of evidence, prioritising the availability of systematic reviews and prospective randomised clinical trials on the intervention specifically analysed. Finally, we estimated the potential budgetary impact of evaluating all patients for potential revascularization with PET versus not having PET under the perspective of the National Health System.

Results: After reading abstracts to select studies, and the complete reading of those filtered studies, we selected two systematic reviews from 2007 and 2010, where we observe that the PET 18FDG is an alternative with a high sensitivity, ranging from 87 to 94.5% depending on the publication or if it is valued as a measure of metabolism or metabolism-perfusion. The specificity level ranged from 67 % to 78 %. The remaining descriptive variables of diagnostic efficacy were positive and similar in both the systematic reviews and the subsequent studies. The reviews are not of high quality since studies with different designs are mixed and the studies are of good quality but were conducted in small numbers of patients. We found one prospective randomized clinical trial with long-term results that specifically compared the prognosis of revascularization after PET versus no revascularization. The results of this study were positive in the long term, although subjected to analysis of patients who complied with recommendations and protocols.
The annual economic impact of using PET compared to its alternatives (magnetic resonance imaging and/or echocardiography or SPECT) is estimated at around 2 million euros. The model was sensitive to the unit costs for each technology and its descriptors were variable according to each price list. The model is especially sensitive to the percentage of positive patients after the evaluation of myocardial viability, which is directly related to the high sensitivity of PET and the cost of revascularization alternatives.

Conclusions: PET is a more sensitive alternative - with a reasonable level of specificity - than the other alternatives for assessing myocardial viability. However, the evidence from studies on diagnostic efficacy is of low quality. PET for myocardial viability has statistically significant forecast results, but only under ideal conditions. The budgetary impact is not very high, but the estimate of its magnitude has uncertainties.According to the results described above and the quality of the associated evidence, it is recommended to use PET for myocardial viability in centers with access to technology, where it is not carried out and where there is additional margin of use of the equipment.

03 2019 AETSA 18FDG PET DEF NIPO (2.0 MiB, 34 downloads)